Michael Curtis Ford, La Espada de Atila

Sobre las novelas históricas de Michael Curtis Ford ya hemos hablado en otras ocasiones dentro de este blog (pincha aquí). De hecho, su último best-seller, La caída de Roma, está siendo todo un éxito.

Sin embargo, La caída de Roma en cierto modo es una continuación de su cuarta novela, La espada de Atila, publicada en España en 2007.

Como característica de Ford, la narración de los hechos históricos nos los muestra como muy fieles a la historia y las noticias topográficas, urbanísticas, estratégicas y militares son siempre acertadas; sólo los diálogos, ágiles, son ficción en sus novelas

En esta su cuarta novela, se centra en la dualidad Roma-Bárbaros a través de las personas de Flavio Aecio y de Atila, orientando la narración a la batalla de los Campos Catalaúnicos (hoy Châlons, en Francia).

La obra comienza con un hecho aparentemente sorprendente en la noche posterior a la batalla de los Campos Catalaúnicos: un viejo huno, herido y maltrecho, huido de su campamento y ejército, pide que le lleven ante el general romano, Flavio Aecio, quien, ante la sorpresa de los demás generales y militares romanos lo acoge y pide a los médicos que hagan lo posible por salvarlo.

Tras esta presentación, se narra la vida y obra de Flavio Aecio, general romano, hijo de una romana, Aurelia, y de un escita, Gaudencio, general que sirvió a las órdenes de varios emperadores romanos en la corte de Rávena, y la vida de Atila, rey de los hunos. Sus vidas se entrecruzaron cuando Aecio fue enviado como rehén a la corte del rey huno, Rugila, mientras que el príncipe huno, Atila, fue enviado en contrapartida a la corte romana de Rávena (los tejemanejes, hipocresías y luchas de poder en las cortes de Rávena y Constantinopla se dibujan muy bien en la novela).

La novela pretende mostrar la "pre-historia" de la batalla de los Campos Catalaúnicos, es decir, cómo dos hombres con vidas paralelas y opuestas (un romano criado entre hunos y un huno educado entre romanos) supieron aprovecharse de dicha circunstancia, seguir fieles a su naturaleza, pero aprender de su educación para ocupar los dos bandos de una misma historia: el bárbaro Atila aprenderá de los romanos estrategia y cultura suficiente para predecir sus movimientos y así asolar el imperio romano (cosa que Ford omite en la novela en aras de no extenderse demasiado y centrarse en los personajes y en la citada batalla), mientras que el romano Aecio, fiel a la disciplina y al honor romano, aprende del modo de vida huno la forma de enfrentarse a estos bárbaros. El rasgo principal de la oposición entre Atila y Aecio residirá en que, aunque ambos aprenden de sus enemigos, Atila nunca se adapta el mundo romano (no aprende griego, su latín dejaba bastante que desear, no seguía el ritmo de las clases, se sentía encerrado y ponía por delante su naturaleza), por lo que nunca tendrá seguidores y adeptos, mientras que Aecio sí lo hace, tanto que comandará sus propias tropas hunas. Atila seguirá siendo huno de naturaleza y pensamiento, mientras que Aecio será romano de convicción y pensamiento, pero huno para la guerra.
Así, Ford plasma muy bien la relación juvenil entre Atila y Aecio y, sobre todo, la vida de ambos fuera de su entorno, en especial la de Aecio entre los hunos, donde ejerció como general y salvó la vida de otro general huno, Turgrid, que reaparece al principio y al final de la batalla de los Campos Cataláunicos.
Por lo demás, Atila, llegará al trono de los hunos tras la muerte de Rugila y la incapacidad del príncipe de asumir el trono; además, existía una leyenda huna sobre la espada del mandatario huno que haría de su pueblo una gran nación, y al poco del reinado de Atila un agricultor, tras 50 años arando el mismo campo, encontró una espada desgastada, pero rica y enjoyada, que se entendió como la espada metafórica del reinado de Atila. En su desmesura, tras sus conquistas, Atila se empeña en destrozar y conquistar el imperio romano, por lo que, con la colaboración de alanos y otras tribus (uno de sus generales no hunos será Orestes, padre del último emperador romano, Rómulo Augústulo, y uno de los personajes clave de La caída de Roma), se enfrentará a los romanos en la citada batalla con un millón de soldados frente a menos de la mitad por parte de los romanos.
La derrota de Atila, por entonces con unos 50 años de edad, supondrá su declive y retirada, hasta su muerte que da inicio a la siguiente novela, La caída de Roma.

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