Magdalena Lasala, La conspiración Piscis

Acabamos de leer La conspiración Piscis de Magdalena Lasala. En un principio, el título nos "tiraba" un poco hacia atrás, por lo de las conspiraciones, códigos, secretos, etc., tan de moda en las novelas de ahora y que en muchos casos encierran una pésima calidad literaria.
En el caso de esta lectura no ha sido así. Su autora, Magdalena Lasala, es afamada escritora de novales con buen hacer, estilo propio muy ágil, muy adaptado a las circunstancias del momento histórico que narra, con diálogos inteligentes con muchos matices.
La conspiración Piscis entra dentro de la "moda" y de la "marca" Hipatia (aquí podéis un buen artículo sobre su vida, obra y relevancia) que en este año 2009 ha irrumpido exitosamente. A la película de Alejandro Amenábar Ágora, dedicada al final de la Biblioteca de Alejandría y de su directora Hipatia, hay que sumar en España al menos -y que nosotros sepamos, tres títulos sobre el tema: esta novela, la biografía de Clelia Martínez Maza con el título de Hipatia y el subtítulo de La estremecedora historia de la última gran filósofa de la Antigüedad y la fascinante ciudad de Alejandría y, por último, la novela de Olalla García, titulada El jardín de Hipatia.
En el libro de la novelista zaragozana, se desarrolla una conspiración basados en lo incierto de los datos históricos que sobre la matemática egipcia se tienen. Así se plantea el círculo de Hipatia, del Serapeo y de la Escuela Alejandrina -protectora de la Biblioteca- con personajes reales como Sinesio de Cirene, obispo de Ptolemaida, Orestes, gobernador de Alejandría, Hesiquio el hebreo, como defensores de la razón, de la inteligencia y de la tolerancia como tesoro de la humanidad, frente al fanatismo religioso exacerbado de los cristianos que quieren imporner sus ideales y sus creencias por encima de todos, encabezados por el obispo de Alejandría, Teófilo y su sobrino Cirilo, a la postre también obispo de la ciudad (todo este fanatismo oculta, no obstante, una ambición ciega por controlar el dinero, el poder y el saber de cara a dominar Alejandría y Roma, pues todas sus tropelías iban acompañadas del saqueo de casas y de la confiscación de bienes).
Paralelamente, se nos hace sabedores de que, tras más de una destrucción de la Biblioteca de Alejandría, una sociedad secreta de defensores de la misma, bajo los auspicios del escriba de Cleopatra, fundaron dos Bibliotecas, "La Heredera", que era la continuación de la primitiva biblioteca ptolemaica y "La Secreta", una biblioteca oculta en la necrópolis abandonada de Alejandría donde se guardaban copias de todos los libros de la bibloteca madre. Teón y después Hipatia fueron los últimos directores de ambas bibliotecas.
Expuestos los dos bandos, la novela se inicia con el asesinato por envenamiento de Teón, el matemático padre de Hipatia y guardián director de la Biblioteca y la Escuela del Museum del Serapeo; a partir de ahí, se desarrolla la trama de que un conjunto de conspiradores pretenden hacerse con los libros de Magia y Astrología de la Biblioteca para hacerse con el control de Alejandría y del Imperio e incluso para destruirlos y no ponerlos en manos de nadie. Es la conspiración Piscis encabezada por Teófilo y Cirilo.
A partir de aquí el libro se desarrolla como un combate entre la civilización, la cordura, la tolerancia (sobre todo religiosa), el diálogo, la libertad y la sabiduría encarnada por Hipatia y sus defensores contra la barbarie, el fanatismo, la intransigencia, las armas, la sumisión y la cerrazón de los cristianos Teófilo, Cirilo y sus secuaces. Ciencia contra creencia.
En suma, no es otra cosa que una cuestión de odios, celos y venganzas humanas ejercidas por quien tiene el poder. El ambiente cultural y filosófico ajeno a la religión, donde la pluralidad supone una amenaza para el pensamiento único, tenía que ser eliminado; a falta de argumentos racionales para desmontar el Museum, el Serapeo y la Biblioteca, Teófilo y Cirilo se basarán en la fuerza, la mentira y la tergiversación para atacar a Hipatia. Así, su no cristianismo, entendido como paganismo, será la excusa y la justificación para perseguirla y atacarla bajo la etiqueta de pecadora, de manera que el pueblo llano, como masa informe y acéfala, siga a sus líderes religiosos sin cuestionarse la verdad.
Es interesante el que la novela y su trama es una crítica al cristianismo de entonces y al de ahora: a lo largo de los debates queda claro que, junto a las ambiciones personales, siempre fue un error (y lo hemos pagado durante siglos) el unir el poder religioso y el poder político; desde esta perspectiva, para un gobernante la sabiduría es peligrosa y es preferible una población inculta. En este sentido, el que el papa, los patriarcas, los obispos y el resto de la jerarquía eclesiásticas se erigieran como intermediarios entre Dios y los hombre suponía la negación de la religión y las creencias religiosas como un acto personal, voluntario y privado del hombre; pretendían, por tanto, el control y la sumisión de sus vidas y de su intimidad.
Bajo la acusación de paganismo e impiedad, Teófilo y Cirilo pretenden, de un lado, obtener la sabiduría suprema controlando la Biblioteca (o en su caso destruirla para que no esté en manos de nadie que no sea la Iglesia) y, por otro, no permitir el acceso de cualquiera a la cultura, sino sólo de una élite selecta, noble, cristiana, rica y dominante.
A ello debemos añadir que para el cristianismo y para cualquier totalitarismo resulta peligroso aquello que no se conoce, que no se entiende y que no se puede controlar, de manera que por temor del gobernante se hace temer a toda la sociedad y sólo la sumisión de ello -a falta de comprensión- supone el fin del temor.
Para Lasala, el que el cristianismo se adueñara de Roma y fuera de la mano de sus emperadores supuso el punto de inflexión para llevar a cabo una política de destrucción de lo anterior, pues al pretender erigirse como el nuevo ideal humano había que acabar con la memoria de todo lo anterio, con la destrucción del paganismo y las divinidades previas y todo lo que de ellas emanaron
Además, la novela también resulta un alegato a la mujer y la pérdida de influencia y libertad bajo el advenimiento de un cristianismo machista y opresor que todavía hoy relega a las mujeres a un infraplano dentro de la estructura eclesiástica y social. La discriminación de la mujer alcanzará a Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, que también aparecen en la novela, y será objeto de algún discurso en el que los ejemplos de Hipatia y Gala Placidia demostrarán la bajeza y las malas artes de las mujeres. Así, se planteará que la reclusión de la mujer en casa para criar hijos, atender a sus maridos y llevar sus tareas son el ideal de la mujer para el cristianimo (la perfecta casada); evidentemente, Hipatia no vale para ello, aunque al final lo consiguieron y hasta bien entrado el siglo XX no se ha podido ir levantando poco a poco dicha losa.
También resulta interesante comprobar el germen de la intolerancia religiosa por la terquedad y el uso de la religión por parte de algunas personas y las diferencias entre las distintas ramas del cristianismo y sus patriarcas (Roma, Constantinopla y Alejandría).
En este sentido, también resulta ilustrativo cómo plasma Lasala las intrigas palaciegas en Roma, Constantinopla y Alejandría, en un momento previo a la desintegración final del Imperio Romano ya clara e irremediablemente dividido y sometido a las amenazas bárbaras.
En suma, nos encontramos con una buena novela histórica, de recomendable lectura, donde, como pequeños peros, quizás habría que reprochar a Lasala el que nos muestre unos personajes poco pulidos psicológicamente, son encarnaciones del bien y del mal; nos resultan demasiados planos, pues los buenos son muy buenos y en ningún momento Hipatia y sus más allegados se plantean ninguna acción fuera del diálogo, mientras que los malos son muy malos y no hay en ellos ningún atisbo de humanidad ni de bondad.
En este sentido, el toque amoroso entre Hipatia y Orestes (no atestiguado históricamente, pues se dice que Hipatia se casó con un tal Isidoro, pero siempre permaneció virgen), también denota un perfil femenino de la novela histórica.
Por otro lado, aunque bien documentada y con una recreación muy buena del ambiente social, político, intelectual y humano de la época, se nota que la autora no es especialista en el mundo clásico y siente la necesidad de insertar explicaciones que, por lo demás, resultan ilustrativas y educadoras para el público en general.

1 Comment:

  1. Juan Carlos Sesé said...
    Lo curioso es que en el siglo I se llamaba a los cristianos "ateos" porque creían en la comunidad de bienes, cosa que atentaba (y atenta) contra el comercio y la usura.

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