Dentro de su prolífica carrera como autor de novelas históricas, el francés de origen italiano Max Gallo es el autor de la pentalogía Los Romanos, compuesta por cinco novelas: Espartaco: La Rebelión de los Esclavos; Nerón: El Reino del Anticristo; Tito: El Martirio de los Judíos; Marco Aurelio: El Martirio de los Cristianos; y Constantino el Grande: El Imperio de Cristo.

Acabamos de leer la primera de ellas. En un principio, al elegir un episodio de la historia de Roma tan conocido, al menos en el siglo XX gracias a la novela precursoda de Arthur Koestler, Espartaco, y la afamada película de Stanley Kubrick Espartaco con un gran Kirk Douglas en el papel principal, acompañado de un elenco afamado de actores, Max Gallo afronta un tema manido con una solución novedosa, con una trama en lo esencial idéntica, pero en el desarrollo y en los personajes diversa.
Sería de esperar que el valor de la novela recayera en los personajes, dado que por el tema los hechos iban a ser previsibles. Gallo sitúa la acción desde la narración de los hechos por sus tres colaboradores más allegados (Apolonia -una tracia sacerdotisa de Dionisos-, Jaír -un curandero judío- y Posidonios -un retórico griego-) que le sobreviven gracias a un pacto en el que le salva la vida a un legado romano a cambio de que les perdone la vida a estos tres para que dicho legado escribiera la historia de Espartaco a partir de la narración de los tres e hiciera inmortal la memoria de Espartaco y sus acciones.
No obstante, los personajes no parecen muy bien trabajados. Espartaco aparece como un personaje estereotipado, con un halo casi de superhéroe, rodeado de los prodigios de la sacerdotisa de Dionisos, actuando como brazo ejecutor de los designios del dios.
Esta actitud cambia cuando se une a su causa el curandero judío, que resulta un personaje, plano, monotemático, a modo de conciencia (judeo-cristiana) con el recordatorio constante del dios de la justicia que todo lo ve, todo lo juzga y todo lo prové, anticipando un cristianismo que será tema central en el resto de la pentalogía, como puede comprobarse por los títulos. Para colmo, el final, una imprecación de Jaír ante el recuerdo de la visión de los miles de los esclavos crucificados por la vía Apia, resulta esclarecedora: "¡Oh Dios Único, oh Maestro de Justicia, Tú que sabes y ves, convierte la cruz del sufrimiento en la de la esperanza!".
De este modo, se produce una antítesis y enfrentamiento implícito entre la posición e influencia que los personajes ejercen sobre Espartado: frente a lo pagano, a lo irracional, a lo salvaje representado por Apolonia, Gallo muestra a Jaír como poseedor de la razón, de lo religioso, de lo piadoso, de lo civilizado, por lo que ambos son la conciencia buena y la conciencia mala del héroe. La religión y la superstición serán constante en la obra entre Jaír y Apolonia y su influencia en Esparaco. Posidonios sería la visión intermedia y pragmática, casi contrapunto lógico a la fe ciega de Apolonia y Jaír y por último Curio, el antiguo instructor de esclavos, representará el uso de la fuerza con disciplina y lógica frente Tádix, Criso o Víndex, representantes de la fuerza bruta, la anarquía, la barbarie.
Así pues, se va dibujando a lo largo de la novela que las causas de la derrota y el fracaso de Espartaco y su revuelta fueron la confusión de la libertad con el libertinaje, el caos organizativo, el ansia de venganza, el odio a su vida anterior y a sí mismo, la indisciplina y el no poder asumir a Espartaco como "príncipe de los esclavos", al considerarlo como un nuevo amo, y sobre todo, al no obedecer a un nuevo representante de autoridad, sino sólo a sus instintos..
Retomando el papel de Espartaco en la novela, su personaje evoluciona hacia una frialdad, una falta de iniciativa, en la que su vida, sus actos y su final son el resultado de unas circunstancias impuestas, de las que él no parece responsable ni actor/autor, llegando incluso a no parecer el personaje principal.
En líneas generales, esta primera novela de la pentalogía no es ninguna obra maestra ni, por decirlo lisas y llanamente, "ninguna maravilla"; desde nuestro punto de vista, no se pierde nada uno por no leerla y queda a gran distancia de otros novelistas del género como Ford, Manfredi, Renault, Harris, etc. Prescindible.
La sinopsis de la novela en la web de la editorial: "Las seis mil cruces levantadas por el procónsul Craso a lo largo de la vía Appia, para ajusticiar a los esclavos sublevados y aleccionar a las generaciones futuras, no consiguieron borrar el recuerdo de Espartaco, el tracio que rechazó la dominación romana, fue reducido a la esclavitud y convertido en gladiador hasta que huyó con un puñado de fieles compañeros cuyo destino era también la muerte en la arena. «Aquellos que son recordados no mueren –proclama–. Hemos sido vencidos, pero hemos vivido como hombres libres.» Max Gallo elabora un amplio y minucioso retrato de esa “guerra servil”. De un lado, el orden de las legiones, el poderío y la riqueza de Roma, sus tribunos, sus cónsules, César, Craso, Pompeyo. De otro, el ansia de libertad, el salvajismo, la anarquía de hombres que han roto sus cadenas y que roban, saquean y siguen a su caudillo sin obedecerle".
Una pequeña biografía aparece al final de libro: "Profesor de historia y periodista, Max Gallo es autor de una obra enorme y variada entre la que figuran una treintena de novelas. La serie titulada Los romanosEspartaco: La rebelión de losesclavos; Nerón: El reino del Anticristo; Tito: El martirio de los judíos; Marco Aurelio: El martirio de los cristianos y Constantino el Grande: El Imperio de Cristo–. ilumina a lo largo de cinco novelas un momento y un personaje claves de la historia de Roma. Del mismo autor en esta serie: La Cruz de Occidente".

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